Monday, March 27, 2006

Amor a la carta

La correspondencia amorosa constituyó durante siglos elemento fundamental en las relaciones sentimentales.

Las cartas de amor no son patrimonio de afectados y endebles personajes, no es necesario ser un Abelardo o una Eloisa para necesitar de esta particular correspondencia.
Hombres implacables como Enrique VIII de Inglaterra, que llegó a cambiar la religión de su pais para poder divorciarse de Catalina de Aragón y contraer segundas nupcias con Ana Bolena, le escribia a esta en 1528: "Me gustaria que estubieras emtre mis brazos, o estar yo emtre los tuyos".
Hasta Napoleon olvidaba la estrategia y permitia que la pasión dirigiera su pluma: "Tu retrato y la tóxica noche que pasamos ayer han dejado turbados mis sentimientos. Dulce, incomparable Josefina. qué extraño efecto causas en mi corazón... Tus besos encienden mi sangre".
El politico Winston Churchill, antes de contraer matrimoniointercambiaba "billeticos amorosos" con la que seria su esposa. Clementina: El propósito de esta carta es enviarte montones de amor y besos xxxxx, de tu siempre devoto Winston". Y ella le contestaba: "Mi amado. Je t´aime passionément... Me siento menos timida en francés".
Menos reservas manifiesta la zarina Alejandra es estas lineas enviadas a su esposo. el zar Nicolás II de Rusia: "Recuerda la pasada noche, con qué ternura nos unimos. Te beso sin final y te bendigo. Tu esposa. Sunny".
Aunque para besos, el que le lanzaba el escritor irlandés James Joyce a su novia Nora Barmacle como despedida de una sentimental carta: "Un beso de veinticinco minutos en tu cuello".
Gustave Flaubert, sin embargo. nunca fue mas allá del "Mil besos donde usted quiera". La ocusación de misantropia contra el escritor francés es cuestionada por estas lineas de una de sus corresponsales. Mile. Leroyer de Chantepie: "Contarle a usted mis sufrimientos es mi único consuelo".



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