Cartas oscuras
Prolifíca autora (y receptora) de correspondencia amorosa fue Virginia Woolf, quien intercambió cartas con Vita Sackville hasta la muerte de la primera escritora. Las vehementes palabras que Vita le escribía--"mi amor por tí es adsolutamente verdadero, vívido o inalterable"--, no impidieron que Virginia mantuviera paralelamente otras turbulentas relaciones.
Otra famosa y apasionada se lección de correspondencia son las "Cartas a Anais Nin", de Henry Miller. Más atemperadas son las "Cartas a Felice", de Franz Kafka. Esta es su delicada manera de felicitar a su amada por la entrada de 1914: "Ante todo un feliz año nuevo para tí, Felice y, si te parecw, para nosotros dos".
El escritor checoslovaco, exquisito en la elección del lenguaje de sus misivas, recrimina a otra de sus corresponsales, Grete Bloch, que le cite: "Querida señorita: no debe usted apropiarse expresiones tan feas como "estados indignos de ser comunicados", ese tipo de expresiones me pertenece, en sus cartas no tiene nada que hacer".
para grandes amantes
El escritor francés Jean Marie Rouart señala que "Los grandes amantes deben expresar sus sentimiento". Pero ¿cómo? Porque un papel en blanco puede ser un geroglifico demasiado complicado de resolver, sobre todo cuando sabes que el mensaje se conservará y tendrá que seguir siendo válido dentro de un día, una semana o un mes...
Aunque algunos recurran a citar peregrinamente cualquier fuente _desde "El cantar de los Cantares" a Schopenhauer_ el secreto de una buena carta de amor es la simplicidad: el mensaje debe llegar directamente al corazón del destinatario. El novelista inglés George Bernard Shaw escribió en una ocasión tres páginas diciendo únicamente "Te quiero".
De cualquier forma, escribir bien _cartas de amor o "best_sellers"- es cuestión de práctica y trabajo, y los hábitos accidentales no han reservado ningún espacio a la correpondencia personal. Es dificil encontrar en el buzón un sobre escrito a mano: el telefono y escuetos"síes" o "nones" dominan nuestras comunicaciones.
La escritora de novelas "rosa" Barbara Cartland -que recibe 40.000 cartas de amor cada año, la mayoría precedente de gente que no conoce- afirma que "estas misivas deberían ser siempre enviadas por el hombre a la mujer. Es trabajo del hombre escribir cartas apasionadas".
Este parece -además de ser una simplificación algo burda- nos llevaría a interpretar que con el romanticismo y, por extensión, con las pasiones, se puede "comerciar". La carta de amor se combertiría en un lamentable valor de trueque.
Afortunadamente, siempre hay bellas palabras -que envuelven bellos sentimientos- que pisotean con energía las naderías de estos especuladores. Como botón de muestra , he aquí los versos de un paladín del romanticismo recuperado en los últimos meses, Cyrano de Bergerac: "Estoy en vuestras manos/ este pliego es mi voz/ esta tinta es mi sangre/esta carta/ ¡soy yo!".
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